No saben la tristeza que da esto. El tándem que formaba con el otro grande, Antoni Daimiel, ha sido de las cosas más grandes que he tenido a bien vivir.
Cuando sea mayor y mis menores me pidan que les cuente historietas (centrándonos en el plano deportivo), les podré decir que vi la carrera entera del mejor tenista de todos los tiempos, el señor Roger Federer, también les diré que vi coincidir en un mismo campo y en un mismo equipo a Andrés Iniesta y a Xavi Hernández, también que viví la mejor época del baloncesto español, pero lo que nunca se me olvidará contar, es que compartí innumerables madrugadas de baloncesto con los dos mejores periodistas deportivos que ha dado este país.
Consiguieron que todo mundo viera de principio a fin esos partidos tostones de la NBA solo por escuchar sus comentarios, que versaban de todo, menos de baloncesto.
El que haya compartido como yo esas noches de baloncesto, sabrá perfectamente lo que es un pincho de merluza, lo selecto que es el Calabaza’s club, o que los mejores churros de España se encuentran en la Churreria Bonilla de Vigo.
Y es que el deporte español, (más concretamente el baloncesto) no sabe lo que le debe a este hombre. No se puede cuantificar la afición que ha creado esta pareja de genios.
No quiero entrar en su fallida etapa en el futbol de la Sexta. Lo contrataron como a un mono de feria y lo obligaron a que se exhibiera forzando sus bromas con gente de sutileza reducida como Kiko (gaditano) o Valdano (rata argentina), que en ningún momento estaban a su altura. Quien le juzgue por este periodo, no va a hacer mas que equivocarse.
Ténganlo claro. Se ha ido un grande. Señor Montes, descanse en paz.
